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“Con el teatro pude decir no al olvido de la memoria”

Martes, 8 de junio de 2010

GRISELDA GAMBARO, 80 AÑOS, DRAMATURGA Y NOVELISTA

Por Natalia Pascuariello

Dramaturga y novelista. Su obra, “El nombre”, de 1974, se repone en el ciclo 2008 de Teatro por la Identidad. Acaso sin quererlo, Griselda Gambaro se convirtió en la dramaturga más politizada de la Argentina. Como en un agua clara, puede leerse en sus obras el pasado oscuro al que se anticipó. De voz tímida y respuestas escuetas, a los 80 años tiene el privilegio de ser espejo de la crisis de su época.

  • Durante la dictadura el teatro apelaba a una retórica de oscurecimiento ¿Cuánto cambió la manera de escribir en estos 25 años de democracia?
    El teatro siempre obedeció a las distintas circunstancias de la época. Si antes se apelaba a oscurecer las formas, ahora no puede hablarse de un solo estilo. Creo que la forma de hacer teatro también obedeció a las circunstancias políticas, sociales y económicas de cada autor. A través de la estética del teatro yo pude decir no a los indultos, no a obediencias debidas, no al olvido de la memoria colectiva.

    – El teatro argentino adoptó formas de resistencia como el Teatro Abierto en 1981, una experiencia que se repone este año ¿Cómo evalúa esta iniciativa?

    Fue una manera de enfrentar la dictadura mediante el teatro. Y lo importante es que se trató de una expresión política más que de un proceso de experimentación teatral. Se buscaba mostrar que autores, actores y directores estaban vivos y unidos. Y ahora se muestra que todavía hablan.

    – El Teatro por la Identidad es una lucha más posterior. Sin embargo, su obra, El Nombre, (1974), que trata sobre la negación de la identidad, se repone en el ciclo de este año ¿Cuánto hay de anticipadora en ella?

    No podría decirlo…Uno no trabaja proponiéndose a priori demostrar algo o producir identificación con determinada persona. Es otro el camino. Simplemente yo tenía la situación teatral del personaje sin nombre en la habitación.

    – También su obra El Campo (1967) fue leída con un sentido anticipatorio respecto de los campos de concentración.

    Sí, pero de los argentinos porque la obra aprovecha la memoria de los campos de concentración alemanes para hablar de la realidad de ese momento. Es decir, se la consideró anticipatoria muchos años después, a la luz de la realidad. Cuando la escribí, no muchos comprendieron lo que significaba. Al contrario, se la acusó de extranjerizante, y de que nada tenía que ver con la realidad argentina de ese entonces.
    – Luego de que su novela Ganarse la muerte (1976) fue prohibida por Videla en 1977, usted padeció el exilio, ¿Qué recuerdos tiene?
    Fue una situación penosa porque el exilio implica un duro cambio en la situación familiar y política. Produce un extrañamiento del propio país que no es fácil de llevar.

    – Su primer encuentro con la censura fue cuando una profesora de Matemáticas le descubrió una cita de Nieztche. ¿Se considera definitivamente una transgresora?

    No… Una tampoco escribe para transgredir. Si se escribe bien, siempre se transgrede cierto límite: el de lo conocido, el de lo visual, el del estereotipo. La trasgresión surge en el texto. Él es el que marca las leyes.

    -¿Qué sintió cuando la declararon Ciudadana Ilustre?

    Es un sentimiento contradictorio. Buenos Aires es mi ciudad pero siento que faltan muchas leyes y decisiones de gobierno para que sea la ciudad que debería ser.
    -¿Por ejemplo?
    Buenos Aires padece problemas complejos donde lo que se necesita es un plan a corto y mediano plazo. Levantar todas las calles al mismo tiempo para pavimentarlas requiere actos de gobierno más inteligentes y honestos.
    -¿Ve muy lejos la honestidad y la inteligencia?
    Creo que es todo más de lo mismo.
    -¿Tiene una visión negativa de la realidad?
    No. Es la realidad la que me empuja a tenerla.

    Natalia Pascuariello
    Noviembre de 2008

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