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FUNCIÓN TERAPÉUTICA DEL PERRO

Lunes, 30 de mayo de 2011

Perros que saben ayudar a las personas discapacitadas, a las que se recuperan de una enfermedad, que ayudan a calmar el estrés, que acompañan en la soledad…Son claros ejemplos innegables de que tienen un rol esencial, casi “vital” en la vida de determinadas personas.

En muchos casos, se ha demostrado que el animal puede ejercer un papel de terapia sobre su dueño. A veces, la intensidad de la relación animal-persona puede sobrepasar los límites de la complicidad, y por eso los investigadores y los médicos recomiendan mucha prudencia. El término “zooterapia” debe ser tratado con claridad: Al hablar de los perros terapéuticos debemos tener cierta prudencia y ser rigurosos; dándonos cuenta de que puede pasar un tiempo hasta que los beneficios del animal se manifiesten. Algunas asociaciones han llevado a cabo una campaña a nivel nacional, en la que se ha introducido a los perros en la vida de las residencias geriátricas. Los principales protagonistas del proyecto son los ancianos, los directores y el personal trabajador de las residencias. Se introdujeron perros en las residencias, y se formó al personal con el fin de tratar con ellos de manera adecuada. La aportación moral que los animales ofrecen a las personas de edad avanzada es notable. Una encuesta llevada a cabo por alguna de estas asociaciones ha puesto de manifiesto los beneficios de la presencia canina: el afecto prodigado, el sentimiento de utilidad que despierta el perro en las personas, el contacto que suscita entre ancianos que suelen tener tendencia al egocentrismo, etc. Al lado de un perro los ancianos toman una actitud más vigilante; suelen aspirar a una mayor autonomía y movilidad. La persona mayor suele centrarse en ella misma, y el perro es una ayuda para salir de ese encasillamiento. Le permite discutir y hacer contacto social. En algunas residencias geriátricas donde la media es de 85 años, se han introducido una quincena de perros. Los animales conviven con los ancianos y se utilizan para realizar talleres conjuntamente, que ayudan a facilitar la memoria, fijar la atención e intentar recuperar la capacidad de concentración. Se habla también de una “terapia facilitada por el animal”. Los ancianos suelen ser personas desorientadas, pero la presencia de los perros les ayuda a mantenerse despejados y, por otra parte, suscitan en ellos nuevas emociones. El perro en el centro hospitalario: Además de las residencias geriátricas, los perros también visitan a otras personas mayores en los hospitales. De este modo, los pacientes tienen contacto con el mundo exterior y de alguna manera se sienten responsables de algo importante. Las personas que viven en las residencias geriátricas y que son voluntarias, realizan visitas a los hospitales “prestando” de algún modo a sus perros. Esta es una experiencia muy nueva que lleva consigo una buena dosis de esperanza. En un principio, las visitas pueden tener lugar en las habitaciones, en el caso que los pacientes no puedan moverse. La bienvenida es siempre calurosa y dinámica, las personas se muestran siempre entusiasmadas. Los pacientes saludan a los visitantes y a los perros que les acompañan. Todos se saludan, e incluso algunos enfermos se atreven a salir de la cama y dar algunos pasos. Si están acostados, se dan la vuelta hacia donde está el perro, que va y viene entre las personas., haciendo de intermediario. Puede hasta convertirse en un estimulante, un pretexto para que el enfermo deje de centrarse en sí mismo para abrirse al perro, y en muchísimos casos hace patente la satisfacción por parte del enfermo al poder acariciar al animal. Además, la presencia del perro genera nuevas conversaciones: una enferma recuerda que ella también había tenido un perro, cómo se llamaba y que le encantaba correr por la playa; otro paciente cuenta que también había tenido un perro, éste de caza del que destaca su inteligencia. De este modo se descubren aspectos nuevos y desconocidos de la personalidad de los pacientes, y se pueden crear más vínculos. También se intenta dar importancia a la vida y la salud de los perros. Se les observa, se escucha su corazón, se habla de lo que se refiere a su físico y a su salud…todo ello es muy conveniente para las personas mayores, que con este pretexto vuelven a estimular su mente. Al finalizar las sesiones, se saluda al perro, se le acompaña a la salida y se le premia con una croqueta. Actitudes distintas ante los mismos males: Los coordinadores de los proyectos y los responsables de tales terapias, hablan del departamento como de un “terreno de referencia”. Las experiencias con perros se prolongan durante días después de su período de prueba, lo que da fe de los claros beneficios que los perros ejercen sobre las personas. Pero, tal y como especifican los expertos, en cuanto a la terapia facilitada por el animal, no se pueden hablar de experiencias estereotipadas, si bien es cierto que hay reglas en cuanto a la manera de introducir un perro en un centro hospitalario, por ejemplo. Sin embargo, siempre hay que adaptar las experiencias nuevos pacientes. Enseguida queda claro que son muchas las aproximaciones posibles. Tengamos en cuenta también que muchas personas mayores sienten angustia al llegar la noche, y es por ello por lo que en algunos establecimientos, la toma de pastillas nocturnas se hace en compañía de un perro. Esta práctica tiene efectos tranquilizantes para los pacientes más ansiosos. Es curioso el caso de un enfermo de hemiplejia que necesitaba la presencia de un perro para realizar sus ejercicios diarios de rehabilitación, y que gracias a su compañero, su progreso fue más rápido de lo habitual. Sin embargo, eso no significa que el mismo perro realizando la misma actividad sea bueno para todo el mundo. Los beneficios que puede aportar varían según la persona a la que acompaña, y por eso, los expertos opinan que “cada uno de los miembros del personal del hospital debe intentar descubrir cuál es el aspecto terapéutico más adecuado que puede ofrecer la compañía de un perro”. Un auxiliar de la comunicación: El perro guía es reconocido como perro de asistencia; sin embargo, la relación que mantiene con su dueño sobrepasa esta definición muy a menudo. Su función es la de un verdadero estímulo con efectos muy beneficiosos.

Como ejemplo, tenemos el caso de Josefina, una mujer que tras varios problemas de salud, se le descubrió una esclerosis por placas. Progresivamente fue perdiendo la visión hasta que dejó de salir a la calle sola. Poco a poco, sintió cómo su independencia disminuía. Un día, se cayó por un agujero que había en la calzada sin señalizar. No se hizo daño físico, pero sí se hirió su amor propio. Gracias a un programa de radio, hace 6 años, se decidió a tener un perro guía. Josefina confirmó más tarde que gracias a su nuevo compañero, sentía que había recuperado la libertad. El perro la acompaña donde ella quiere ir, salen mucho y practican deporte, y le ha ayudado a relacionarse más con el resto de personas. Nos contó además que, así como a menudo el bastón blanco supone una barrera de cara al exterior, el perro contribuye positivamente a la comunicación, y que, si anteriormente ella se había sentido discapacitada, en el presente se siente muy a gusto consigo misma, porque tiene más independencia y su perro le ha hecho considerar la vida de otro modo. En el caso de los niños con discapacidades, también son muchos los perros que se educan con el fin de prestarles asistencia. A su lado, los niños desarrollan una fuerte voluntad de progreso, y se llega a establecer entre ambos una verdadera relación de afecto. El animal llega a cambiar la vida del niño por completo, le ayuda a superar los obstáculos cotidianos y le tranquiliza. La relación entre el niño y el perro se establece con mucha facilidad, porque el animal se acostumbra muy rápidamente a las necesidades de sus jóvenes dueños. La relación supone una gran ayuda para los niños con discapacidades y les ayuda a salir de su aislamiento; en estas relaciones, el perro también tiene una relación de medidador. Los ejemplos que citamos no son los únicos: los perros también son de gran utilidad a la hora de atender a niños autistas, adolescentes con problemas, a jóvenes delincuentes, etc. Para terminar, debemos dejar claro que el pero no tiene facultades para curar, y debemos por tanto, olvidarnos de que la presencia del animal pueda sustituir a los medicamentos. En ciertas situaciones, el perro puede ser de gran ayuda, puede calmar, ayudar a aliviar tensiones nerviosas y angustias, ofrecer confianza o ayudar a valorar más positivamente la vida. Como indica Manuel Núñez, un neuropsiquiatra entendido en el tema, “el animal nos hace bien porque despierta en nosotros emociones estimulantes, tranquilizadoras, y esto nos proporciona una sensación de afecto muy puro”. En la conferencia Internacional de Ginebra de 1995 se llegó a las mismas conclusiones. “El animal no es un terapeuta, ni un psicólogo, y aún menos un psiquiatra. Pero en cambio, es un gran apoyo frente a la fobia y la angustia.”

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