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LA PERSISTENCIA DE LA LITERATURA

Miércoles, 13 de julio de 2011

Por Marcelo A. Ojeda. En este mundo moderno, donde la urgencia domina, un deseo que parece estéril: “me niego acérrimamente a las abreviaturas y los horrores ortográficos, que degeneran el idioma y sumergen a los adoradores (sicarios de letras y signos de puntuación) del Face Book, Twitter, Messenger y Sms; en una debacle literaria y gramatical consecuencia del facilismo costumbrista que atenta a favor del olvido involuntario e inconsciente”. Era el año 2007, y un libro delgado cayó en mis manos. Mi cuñada trabajaba en una AFJP, Previsol, más precisamente.

Unos meses después de ingresar, para su mala fortuna, el gobierno nacional, terminaría por apoderarse (sorpresiva y arbitrariamente) de los fondos de los aportes jubilatorios. Una mañana su jefe les dio a ella y una compañera unos ejemplares (muestras gratuitas) de “Escritores preferidos de nuestros escritores”. Dicha entrega contó con el auspicio del Instituto movilizador de fondos cooperativos. En Puerto Madryn,  mediante el Banco Credicoop. Compilado por Orlando Romano. Les confieso no pude permitirme pasar por alto su prólogo. A semejanza del ensayo, que presentaré ahora en segundo orden, un hallazgo (sublime). Ahí les va….

ORLANDO ROMANO: Todo periodista lleva bajo su piel una pasión indagadora. Pasión indagadora sobre lo que quiere y necesita conocer. Por eso cada vez que la faena periodística me acercó a los escritores que admiro, nunca dejé de preguntarles acerca de sus lecturas preferidas. Al final de cada entrevista me iba con cuatro o cinco títulos anotados en mi libreta. Títulos que no tardaba en devorar. Con el correr del tiempo advertí que la inmensa mayoría de los libros que deleitaban (e incluso formaban) a los más notables escritores de nuestra tierra eran de autores argentinos. Autores, lo confieso, desconocidos para mí. Fui descubriendo lecturas entrañables, exquisitas, páginas que sin darme cuenta hasta he llegado a memorizar, autores que hoy ocupan varios estantes de mi biblioteca y a los que leo con el placer de quien visita a los buenos amigos. ¿Por qué no me acerqué antes a esas obras que ahora siento tan indispensables, tan mías? Lo cierto es que yo tenía una torpe manía de responder a aquellos mandatos que tienen más que ver con lo mercantilista que con lo creativo. Me había estado perdiendo de mucho. Nuestros más importantes autores no siempre brillan en las grandes librerías (será por eso de que lo esencial es invisible a los ojos). Para mí se abrió un universo nuevo. Aquí quiero agradecer a los autores que prestaron su testimonio y confiaron en este proyecto. Muchos de ellos serán los clásicos del mañana. Gracias, en definitiva, por sus propias obras, y también por la generosidad de ayudarme a escoge mejor mis lecturas.Todo libro tiene una finalidad, un norte. El objetivo de este es invitar al lector a la aventura literaria apasionante, un viaje por ese riquísimo universo argentino de nuestras letras. No diré más, para que el lector corra a disfrutar de qué es lo que cuentan nuestros autores sobre sus lecturas preferidas, y mejor aún, de cómo las cuentan.

MARTIN KOHAN: “La literatura argentina empieza con una violación”. Si la literatura argentina empieza con una violación, como propuso David Viñas fijando el hito inaugural en “El matadero” de Echeverría, podría decirse también que empieza en el momento preciso en el que el narrador de ese relato anuncia que va a contener el lenguaje para no ofender la sensibilidad de los lectores, pero no consigue hacerlo. Y es que el lenguaje hace lo suyo: se desata, se sacude y estalla. En cierto modo, le pasa lo mismo que al unitario, que también quiere contenerse y no puede, y por eso se inflama hasta reventar. A Echeverría le pasa con el lenguaje lo mismo  que al unitario con el cuerpo. Entonces sí, también en este sentido puede decirse que la literatura argentina  empieza con una violación, pero con una violación de las convenciones del lenguaje. Ese texto fundacional, estaría fundando también, por lo tanto, para la literatura argentina, una manera de entender lo que es la literatura literaria: la conciencia de que hay lenguaje, que no hay en la literatura otra cosa que lenguaje, y la premisa de que en la literatura con el lenguaje se hace otra cosa, algo fuera de la norma, que su empleo es diferente al que se le puede dar en cualquier otra práctica discursiva que no sea literaria. Lo que pasa con las palabras, en la literatura, pasa solamente en la literatura. Tomando como referencia ese punto de partida, el de Echeverría con “El matadero”, el mapa de preferencias se puede ir trazando casi por su cuenta: escritores tan distintos como Borges, Girondo, Cortázar, Gombrowicz, Antonio Di Benedetto, Juan José Saer, Manuel Puig, Ricardo Piglia, Juan Gelman, Joaquín Gianuzzi, Héctor Libertella, los dos Lamborghini, Marcelo Cohen, César Aira, Alan Pauls, Sergio Chejfec, Matilde Sánchez, Juan José Becerra, Sergio Raimondi, insisten, en su absoluta diversidad, en la decisión de escribir literatura sabiendo que hay lenguaje,  y en la voluntad de llevar al lenguaje a otra parte, a un mundo distinto que el que habita siempre. La enumeración precedente es, como toda enumeración que se  precie, sumamente incompleta. Pero basta con entender la lógica de su integración para calcular qué  otros escritores podrían  agregarse a ella: el criterio de  admisión es manifiesto. Se lo puede formular, también, por la negativa, como criterio de exclusión: quedan afuera los autores que escriben como si el lenguaje no existiera, como si fuera neutro, transparente o inocuo; los que lo reducen a mero instrumento, a una herramienta que sirve para otra cosa (para entretener, para contar historias, para expresar ideas, y otras formas de la subordinación literaria); los que le dan al lenguaje el mismo uso y el mismo lugar que se le da en la vida cotidiana, en el mundo de todas los días, lo que haría de la literatura un ejercicio redundante en el mejor de los casos, y prescindible en el peor.                                                                                                 

Hasta aquí el escrito, reproducido textualmente, sin agregar ni omitir puntos ni comas, siquiera una letra. Martín Kohan nació en Buenos Aires en 1967.Enseña teoría literaria en la  Universidad de Buenos Aires y en la de la Patagonia. Publicó libros de ensayos  y novelas.

Igualmente resaltar, que las mencionadas apreciaciones (con las que coincido), no son claro, la pura verdad. Son, creo, geniales y sensatas, (la excepción a la regla, sin lugar a dudas, el incomparable Roberto Arlt) puede que sean un gran bálsamo, puede que no; al menos deberías  urgar en librerías y bibliotecas o en tu propia casa, haber si por una de esas casualidades, alguna historia te atrapa o representa, y si es su autor argentino de seguro lo hará. MARCELO A. OJEDA.

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