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DESDE UN ESBELTO CABALLO BLANCO, A LOMO DE MULA

Martes, 20 de septiembre de 2011

Desde pequeños, hemos visto hasta el cansancio imágenes de San Martín montado en un esbelto caballo blanco, traspasando los Andes. Y en más de una ocasión algún tío que se creía gracioso nos ha acosado con la pregunta: ¿De qué color era el caballo blanco de San Martín? La verdad es que el General nunca tuvo un corcel de ese color, y no sólo él, sino toda la tropa, cruzó esas inmensas moles a lomo de mula, animal mucho menos glamoroso pero infinitamente más adecuado para la empresa en cuestión.

El historiador Norberto Galasso deja esclarecida esta cuestión al apuntar en su libro “Seamos libres y lo demás no importa nada” que: “Por supuesto, no ha existido el tal caballo blanco. Presumiblemente, fue inventado por algún pintor que intentaba hacer resaltar al General…”. Y agrega que sólo contó con: “una modesta mula, nada majestuosa ni llamativa, una mula simple pero mucho más segura para atravesar terrenos montañosos”.

De esta aparente confusión surgen dos símbolos poderosos. En primer lugar, el caballo blanco es alegórico de la Mente Iluminada o Conciencia Superior, allí donde el Alma, nuestro Héroe Interno, tiene su hogar. Desde ese elevado sitio, la Mente Universal nos hace llegar sus insinuaciones en forma de intuiciones o deseos profundos, que se reflejan en nuestra mente concreta.

La Biblia hace referencia a un caballo blanco: “Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea”. (Apocalipsis 19:11). En la mitología griega aparece la figura de Pegaso, el caballo blanco de Perseo, que además tenía alas con las que dominaba el cielo a voluntad. También en el hinduismo se habla de Uchchaihshravas, el corcel celestial; un caballo blanco alado, de siete cabezas, sobre el que montaba Surya, el Dios Sol. El “Diccionario de los símbolos” postula que: “el caballo blanco llega a ser la imagen de la belleza alcanzada por el reinado del espíritu (el Señor del Carro) sobre los sentidos”, y agrega: “montura de los héroes, santos y conquistadores espirituales. Todas las grandes figuras mesiánicas montan tales corceles. Así en la India Kalki, el avatar venidero, caballo él mismo, se convertirá en caballo blanco. También se espera montado en caballo blanco al profeta Mohammed, a su nuevo advenimiento. Montura del Buddha, para la Gran Partida, el caballo blanco sin jinete representa finalmente al mismo Buddha”.

Respecto de la mula podemos mencionar que es uno de los tantos símbolos que figuran en la alegoría del Nacimiento del Cristo en el pesebre. En él aparecen, acostados a ambos lados del niño Jesús, sólo dos animales, un buey y, justamente, una mula.

Ambas especies no pueden tener descendencia ya que el buey es un toro castrado y la mula es un híbrido, porque proviene de la cruza entre dos animales de distinta raza: un asno y una yegua. Ambos animales simbolizan a la personalidad, rendida a los pies del Dios Interno que nace, y dispuesta a servirlo.

Así como la mula se somete a su amo o jinete, sin hacerse notar y sin interponer sus propios apetitos; nuestro cuerpo, vitalidad, mente y sentimientos deben someterse a la Voluntad del Dios Interior, para que éste pueda expresarse libremente.

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