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TANGO CAMBALACHE: «y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón»

Martes, 29 de mayo de 2012

La Biblia y el Calefón; se habla de ello y no se sabe bien de que se trata: He aquí la historia de la vida cotidiana, que acontecía en la ciudad de Buenos Aires, no se sabe si en otros lugares pasaba, y que explica el porque de la aparentemente surrealista asociación de la Biblia junto al calefón que aparece en el tango «Cambalache», cuyas letra y música fueron compuestas por Enrique Santos Discepolo en 1935. 

«Sable sin remache» se le llamaba a un gancho donde se colgaba el papel higiénico al lado del inodoro.

La historia tiene relación con los servicios higiénicos, baños, la higiene personal y la forma de realizarla; algunos lectores pueden ser muy jóvenes y pueden no haber conocido otro tipo de baños que los que se estila usar en la actualidad, recordamos datos para ser tenidos en cuenta.
Hasta finales del XIX se utilizaban bacinillas, también llamadas «tazas de noche», cuyos contenidos eran arrojados por las ventanas al grito de «agua va», y antes aun, letrinas que solían estar en los fondos de las casas.
En Buenos Aires, coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias «acomodadas» comenzaron a instalar baños.
Luego el uso de baños se generalizo y se empezó a construirlos en todas la viviendas, aun en las mas modestas. El sencillo «mini-ambiente» constaba al menos del retrete y lavabo y si los propietarios de casa gustaban de practicar la costumbre de lavarse todo el cuerpo mas o menos seguido, y si además tenían medios económicos suficientes como para costearse ese capricho, los baños también tenían una ducha.
Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así al lado de la ducha se instalaba un «Calefón».
Sin embargo, el papel higiénico tardo en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en estas tierras y aun cuando apareció era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario.
Por supuesto, eran muy estimados los papeles mas sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos del campo, algunos de estos soltaban tinta. Otro muy apreciado era llamado el «papel Biblia», por ser esta especialmente delgado y suave.
Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones parece ser la de difundir la Biblia Protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro, en la actualidad lo sigue haciendo. Pues muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas «gentilezas», y que siendo mayoria la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la Biblia protestante tantas veces como sabían que la Sociedad las tenia en obsequio en las calles, plazas o en su sede central.
Sin embargo, cuentan los hombres dignos de fe (aunque Ala sabe mas) que quienes obtenían esas Biblias, les perforaban una tapa y las colgaban en un gancho de alambre, (llamado «sable sin remache») al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico.
En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discepolo para decir con elegancia propia de un grande:  «Igual que en la vidriera irrespetuosa de los Cambalaches se ha mezclao la vida, Y HERIDA POR UN SABLE SIN REMACHE, VES LLORAR LA BIBLIA JUNTO A UN CALEFÓN.» Edgardo G. Maggiora BARILOCHE http://aurelianito.blogspot.com.ar/2011/11/la-biblia-y-el-calefon.html

El sable sin remaches, la Bilbia y el calefón
Pero un análisis desde otro punto de vista -rescatado de archivos- revela una costumbre antigua que junta los dos elementos de la emblemática frase. Exacta, real, demostrable o creíble, no se encuentra explicación fidedigna entre los muchos escribas, literatos e intelectualoides que dicen estudiar el tango.

Se la menciona a menudo, quizás sin saber de qué se trata. Por consiguiente, adquiere cierto valor, para analizarlo, lo rescatado del referido escrito, basado en la vida cotidiana de nuestro país y que explica el porqué de la aparentemente surrealista asociación de la Biblia junto al calefón, según Discépolo hace más de siete décadas.

Un autor anónimo comienza advirtiendo: ”La historia tiene relación con los baños, la higiene personal y la forma de realizarla por entonces, que hoy mucha gente, especialmente jóvenes, pueden no haber conocido atento al tipo de baños que hoy se usan. Al menos en el mundo occidental y cristiano.–prosigue el autor anónimo- coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias ‘acomodadas’ comenzaron a instalar baños. Luego su uso se generalizó casi en toda vivienda, incluso en las modestas. El sencillo ‘miniambiente’ constaba al menos de retrete y lavabo. Si los lujuriosos dueños de casa practicaban la morisca costumbre de lavarse todo el cuerpo más o menos seguido, siempre que contaran con medios económicos suficientes como para costearse ese capricho, los baños también tenían una ducha. Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así que al lado de la ducha se instalaba un calefón”.

Los baños actuales y que suelen ser llamados ‘completos’, constan como mínimo de retrete inodoro, lavabo, ducha y bidet. Hasta finales del siglo XIX se utilizaban bacinillas (también llamadas ‘tazas de noche’), cuyos contenidos eran arrojados por las ventanas al grito de ¡Agua va! Antes aún, había letrinas, que solían estar en los fondos de las casas”.

“En Buenos Aires

“Sin embargo –según esta singular historia-, el papel higiénico tardó en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en aquellas sucias tierras. Cuando apareció, era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias. Entonces se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto, cualquier otro. Era muy estimado un papel más sedoso; así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos de campo”.

Y aquí aparece La Biblia en escena. “Otro muy apreciado era el llamado ‘papel biblia’, especialmente delgado y suave. Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones era la de difundir la biblia protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro (obsequio que en la actualidad lo sigue haciendo).

Como si fueran devotos creyentes, muchos habitantes de Buenos Aires aceptaban esas gentilezas y, aunque siendo mayoría la grey católica, lo mismo pasaban a retirar la biblia protestante, que la Sociedad obsequiaba en calles, plazas o en su sede central”.

”Sin embargo –culmina esta historia- cuentan que quienes obtenían esas biblias protestantes no era masivamente con el fin de leerlas. Les perforaban una tapa y las colgaban de un gancho de alambre, al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico”.

Precisamenta «Sable sin remache» se le llamaba a un gancho donde se colgaba el papel higiénico al lado del inodoro.

En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discépolo para decir con elegante suspicacia, propia de un grande, esta frase a la que dejó picando:

”Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
Y herida por un sable sin remache
ves llorar la biblia junto a un calefón”.

Fuente:
www.lagazeta.com.ar

– Hugo Gregorutti. «El Diario» de Paraná. 6.4.2012

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