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Las ocultas 13 invasiones a la Patria que nacía

Sábado, 21 de diciembre de 2013

argentinaPor Rafael Vaca, Esta guía que me llevó muchas horas de trabajo para poder llevar una línea de tiempo de los acontecimiento fue extraída totalmente de la red, mi aporte es solamente ilustrativo para ayudar a aquellos que quieran investigar en profundidad los temas, ya que yo traté de resumir a lo más esencial este ensayo, esperando que el mismo sea esclarecedor de cómo fue la situación de los hechos.

La Intendencia de Salta del Tucumán comprendida por Tarija, Jujuy y Salta y su activa participación en la consolidación de la INDEPENDENCIA ARGENTINA –  1 Invasión 1810 – El 22 de agosto de 1810, Güemes con el grado de teniente parte de la ciudad de Salta, comandando un escuadrón salteño denominado Partida de Observación, hacia la Quebrada de Humahuaca, donde es el primero en actuar a favor del movimiento de Mayo, llevando el mensaje, interceptando las comunicaciones del enemigo quienes tuvieron su bautismo de fuego en el combate de Cangrejos el 18 de setiembre de 1810 y en el combate de Yavi el 14 de octubre del mismo año sobre la primera invasión realista a Jujuy, que el Mariscal Vicente Nieto desde Tupiza había enviado a 150 hombres en dos columnas  mandados por Peña y Villacián, son vencidos por El Escuadrón de Los Salteños al mando del Capitán Güemes.

El historiador Solá nos cuenta: Mientras tanto el general Nieto llegaba con una división a Cotagaita, donde se fortificó con muros y cañones, además de desviar el río para impedir el paso. El 27 de octubre de 1810 Güemes se halla ante la fortaleza de Cotagaita. Ese mismo día la atacó, siendo rechazado. Como entre las maniobras tácticas del jefe patriota se hallaba la de atraer al enemigo, este ataque y la retirada de Güemes, cumplieron su objetivo.

Güemes se retiró hasta el vallecito de Cazón, legua y media más al sur, desde donde mantuvo descubiertas sobre el enemigo hasta el 31 del mismo mes, en que el general Nieto destacó al jefe de su estado mayor, capitán de navío José de Córdoba, con unos 800 hombres para perseguirlo. Siempre a la vista y tiroteándose con el enemigo, Güemes llegó a Suipacha. En la tarde del 6 de noviembre pasó el río, acampando con su división en Nazareno, sobre su margen derecha, quedando Córdoba en Suipacha, sobre la margen izquierda.

LA BATALLA DE SUIPACHA Un escritor contemporáneo y testigo de muchos episodios de la guerra de la Independencia, Miguel Otero, dice en sus Memorias: “Güemes, calculando sin duda la sorpresa y turbación que debía causarle a Córdoba el verse atacado por quien él creía en fuga, resolvió tomar la ofensiva; y volviendo caras a la madrugada del siguiente día 7 de noviembre, lo atacó de improviso en su mismo campamento de Suipacha, y lo derrotó completamente, dispersándose toda su tropa y poniéndose él mismo en precipitada fuga. Al llegar los derrotados, dispersos, a Cotagaita, introdujeron el pánico en el cuartel general, siendo poseído de él, más que todos, el general Nieto, quien a pesar de tener allí una fuerza mayor que la de Güemes, y de hallarse en una fortaleza inexpugnable, en nada otra cosa pensó que en disparar, acompañado de uno o dos ayudantes y sus asistentes, abandonando todo; y a su ejemplo el ejército, o cuartel general y resto de la división a su mando, perdiendo artillería, pertrechos y bagajes, sin salvar nada. Esta relación –agrega Otero- tal cual la refiero, nos la hizo en Chuquisaca, antes que otro alguno, un sargento de la división de Nieto, que estuvo en toda la campaña y en la columna con que Córdoba avanzó hasta Suipacha, en donde fue derrotado y pudo escapar. Dicho sargento llegó a Chuquisaca el domingo once del mismo noviembre de 1810, a medianoche, es decir a los cuatro días de la acción, quien sin duda corrió día y noche para andar tanta distancia en tan corto tiempo, de caminos tan quebrados, por lo que al principio no se le daba crédito, a pesar de que lo afirmaba como un hecho, hasta que sucesivamente fue confirmándose por los de una y otra parte que llegaban a dicha ciudad teniendo desde entonces por verdaderos estos acontecimientos en el orden expresado”.

El parte de batalla de Suipacha fue observado seriamente por Otero en carta al doctor Angel J. Carranza en 1872. Pero ya un oficio del cabildo de Salta, pasado el 22 de Agosto de 1818 al Director Supremo del Estado don Juan Martín de Pueyrredon, señalando los servicios de Güemes, decía: “Desde la memorable acción de Suipacha en que con su intrepidez hacia los tiranos se cubrió de gloria en tan plausible victoria, ya se advirtió en él su valor capaz de arrostrar los peligros complotados”. Y después de referir los diversos triunfos de Güemes, agregaba: “Todos son hechos que no serán problema en la historia de nuestros días. Ella es la encargada de transmitir a la posteridad, con decorosa sinceridad, que Suipacha, el Puesto, los ejidos de Jujuy y las deliciosas llanuras de Salta, son los monumentos inconmovibles que harán siempre honor al intrépido Güemes”. Ni el Cabildo de Salta podía falsear la verdad sobre una batalla librada ocho años antes, ni Pueyrredon, que había mandado el Ejército del Norte, podía ser objeto de una impostura, si Güemes, cuyo nombre ni siquiera figura en el parte de Castelli, no hubiera tenido en dicha acción parte tan importante para considerarla gloria suya”, finaliza Solá.

 2 Invasion 1812 Decidido a no dejar en manos del enemigo nada que le pudiese ser útil, Belgrano organizó durante agosto el llamado éxodo jujeño, ordenando a la población civil replegarse junto con el ejército y quemar todo lo que quedase detrás, para entorpecer el avance enemigo. Belgrano comandó la vanguardia de la salida mientras que Díaz Vélez se hizo cargo de la retaguardia conduciendo a sus gauchos jujeños o «Patriotas Decididos» librando el combate de Las Piedras, el día 3 de septiembre, victoria patriota que levantó la moral del ejército.

No obstante, Belgrano —a pedido de la población tucumana y con el apoyo de la poderosa familia Aráoz— desobedeció la orden de retirarse a Córdoba: el 24 de setiembre se enfrentaría a Tristán en la batalla de Tucumán, donde la decisiva carga de la caballería bien mandada le dio la victoria. 1.800 patriotas (800 infantes, 900 de caballería y 100 artilleros) derrotaron a 3.000 realistas (2.000 infantes y 1.000 artilleros). Los mismos sufrieron 450 bajas, 687 prisioneros y pérdida de municiones y material. Tristán debió retroceder hacia Salta, y perdió toda su artillería y parque en manos del ejército rioplatense, para el cual sería crucial ese rico botín. Preparó la defensa al sur de Salta pero, el auxilio del capitán Aparicio, natural de la región, le permitió a Belgrano llegar por un sendero poco conocido hasta el camino de Jujuy y enfrentar a Tristán por la retaguardia el 20 de febrero de 1813.

Tras un comienzo poco auspicioso, la victoria de los independentistas en la batalla de Salta fue arrasadora, y Tristán se rindió incondicionalmente ya que la caballería al mando del Marques de Yavi desertó y se retiró hacia las lomas de Medeiros a instancias de la Sra. Juana Moro, produciendo 480 realistas muertos y 114 heridos, mientras que solamente murieron 13 patriotas y 433 resultaron heridos.

A cambio del juramento de no volver a tomar armas contra las Provincias Unidas, Belgrano garantizó a Tristán y sus hombres su libertad; quedó en posesión de todo su parque y armamento.

3 Invasión 1814 El Ejercito Auxiliar bajo el mando de Manuel Belgrano llegaron a POTOSÍ donde establecieron su cuartel general sin ninguna novedad, pues el enemigo se había reconcentrado al noroeste del río Desaguadero. A mediados de septiembre se inició el avance en busca de los españoles. El día 27 chocaron ambas fuerzas en VILCAPUGIO y el 14 de noviembre de 1813 se enfrentaron nuevamente en AYOHUMA. En esas dos acciones la derrota golpeó a los patriotas que se replegaron hasta POTOSÍ, primero y Jujuy después perseguidos por los realistas.

Las provincias altoperuanas quedaron sumidas en unas total desprotección y Jujuy amenazada por una nueva invasión. El general Belgrano continuó la retirada hacia el sur, dejando la defensa de la ciudad en manos de Manuel Dorrego. Este, acosado por la vanguardia enemiga, debió replegarse y Jujuy cayó otra vez en poder del ejército español el 17 de enero de 1814.

Poco después también caía SALTA, esta invasión realista, dirigida por los generales Pezuela, Ramírez y Tacón, en Enero ocupa Jujuy y Salta con 3200 hombres.

El general José de San Martín que reemplazó a Belgrano en el mando del ejército, nombrando a Güemes Comandante en Jefe de las tropas gauchas para la Defensa de la Frontera recurriendo a sus propios recursos para detener al enemigo. Fue entonces cuando cobró trascendental importancia la GUERRA GAUCHA.

Martín Miguel de Güemes fue aceptado tanto los caudillos jujeños y sus tropas gauchas, como los salteños. La defensa de Jujuy se dividió en regiones a cargo de distintos oficiales designados por Güemes: La defensa de la Puna quedó en manos del Coronel Juan Fernández Campero (conocido como el Marqués de Yavi), La franja que se extiende desde Humahuaca hasta Orán fue defendida por el Coronel Manuel Arias.

La Quebrada de Humahuaca que van desde Tilcara hasta Purmamarca fueron defendidos por Manuel Álvarez Prado. Los Valles Centrales quedaron a cargo de los coroneles Bartolomé de la Corte y  José Gabino Quintana, quienes contaron con el apoyo de José Ignacio Gorriti.

También debemos destacar a los capitanes gauchos Apolinario Saravia y Juan Antonio Rojas, que si bien estaban destinados a la defensa de Salta, brindaron un apoyo fundamental en la defensa del territorio jujeño.

 En enero de 1814 las tropas realistas de Pezuela (unos 4.000 hombres) iniciaron una nueva invasión y tomaron rápidamente las ciudades de Jujuy y Salta. Sin embargo, la campaña se hallaba en poder de las milicias gauchas que aplicaron una estrategia de guerra infalible: las tropas de Pezuela fueron sitiadas y divididas en las ciudades de Jujuy y Salta. Los realistas se encontraron incomunicados y divididos, mientras que sus líneas de abastecimiento desde el Alto Perú habían sido cortadas. Todas las incursiones realistas para la obtención de víveres resultaban eliminadas por los gauchos. Mientras que la opción de avanzar hacia el sur se veía impedida pues allí se encontraba el Ejercito del Norte. Ante lo insostenible de la situación los realistas debieron retirarse hasta el Alto Perú abandonando las posiciones conquistadas en agosto de ese mismo año. Durante esta invasión se dio el bautismo de fuego de las guerrillas gauchas, las cuales a pesar de encontrarse en un estado embrionario, lograron repeler al invasor.  

Las partidas de salteños y jujeños asediaron sin tregua a los realistas cayendo sobre ellos una y otra vez y obligándolos a encerrarse en aquellas ciudades. El 2 agosto de 1814 los últimos efectivos realistas salían de Jujuy y la ciudad era ocupada por los jefes de los escuadrones de gauchos. Esta invasión fue detenida exclusivamente por salteños y jujeños que sin la ayuda del “ejército de Buenos Aires”, con astucia y valor, libraron a sus tierras de la opresión.

4 Invasión 1815 A comienzos de 1815 el mando del Ejército de Norte pasó a manos de Rondeau, quien logró reactivarlo y avanzar con él hasta la Quebrada, estableciendo su cuartel general en Humahuaca. Mientras tanto, las tropas de Pezuela intentaron una nueva invasión por la Puna. Las tropas de Rondeau y las milicias de gauchos jujeños salieron a su encuentro, produciéndose la batalla de Puesto del Marqués (17 de abril de 1815), donde los patriotas derrotaron a los realistas, que debieron huir nuevamente hacia el Alto Perú. Aprovechando el empuje de la victoria, Rondeau avanzó hacía el norte tomando Cotagaita y Tupiza, lo que dio comienzo a la tercera expedición auxiliadora hacía el Alto Perú. Pero el avance de las tropas revolucionarias se vio  finalmente detenido por la catastrófica derrota en la batalla de Sipe-Sipe (29 de noviembre de 1815), lo que marcó el fin del accionar del Ejército del Norte, que quedó definitivamente apostado en Tucumán.

5 Invasión 1816 Fueron vencidos muertos y descuartizados Jose Vicente Camargo el 3 de abril de 1816 y Manuel Asencio Padilla el 14 de setiembre de 1816. Desalojado el marqués de Yavi por Olañeta de su base en Casabindo, se puso bajo la protección de Pérez de Urdininea en Abra Pampa (norte de Jujuy). En agosto de 1816 Olañeta y Juan Guillermo de Marquiegui avanzaron en dos columnas, la primera por la quebrada de Humahuaca y la otra hacia Orán. A las órdenes de Urdininea, Fernández Campero, Pérez de Uriondo y Rojas atacaron con sus divisiones a las columnas realistas, llegando Marquiegui hasta Orán y Olañeta hasta Tilcara produciéndose el Combate de Huacalera .

El 14 de setiembre de 1816 entre 80 y 100 hombres de las milicias realistas de Chichas al mando del teniente coronel Pedro Zavala (o Zabala) de las fuerzas de Olañeta, avanzaron desde Talina por la quebrada del río Sococha hacia Abra Pampa, acampando en Colpayo.

La fuerza fue atacada a la madrugada siguiente (Combate de Colpayo) por los capitanes Rivera y Diego Cala de la División Peruana con 30 hombres cada uno, y por el teniente Falagiani de infernales, muriendo Zavala, un oficial y 15 soldados, quedando prisioneros un oficial y 13 soldados y dispersos los demás.

Güemes envió 500 infernales al mando de Arias y el 24 de septiembre los infernales atacaron y derrotaron en las sierras de Santa Victoria al escuadrón realista de 60 hombres denominado Angélicos que el cura de Yavi, Zerda, había creado autotitulándose teniente coronel. Los realistas tuvieron 6 muertos y 29 prisioneros, huyendo otros 25.

El nombre de este escuadrón inspiró a Güemes a denominar infernales a sus dragones. Luego de varios combates, el marqués de Yavi avanzó sobre Yavi con 600 infantes y un escuadrón de dragones infernales, conducido por el coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos. Ante su avance, los realistas que ocupaban Yavi (el segundo regimiento, un batallón de partidarios y una brigada de artillería), abandonaron sus posiciones replegándose a Moraya, suponiendo que era el general Belgrano quien avanzaba con todo su ejército. Rojas entró en Yavi el 11 de noviembre y luego fue enviado a cerrar el camino de la quebrada de Sococha, pero interpretando mal una orden, abandonó el lugar despejando el camino.

Tras informarse con más detalle, Olañeta con un escuadrón y un batallón procedentes de Tarija, alcanzó a la columna en Moraya y volvió al ataque con el primer regimiento aprovechando la salida de Rojas.

El 15 de noviembre de 1816 sorprendió y derrotó al marqués en la Batalla de Yavi, quien cayó prisionero con 300 de sus hombres. Fernández Campero era el comandante del flanco oriental de la Puna (usaba el título de comandante general de la Puna) de las fuerzas de su pariente Güemes. Era secundado por el teniente coronel Juan José Quesada, desertor del Ejército del Norte, enviado prisionero al Callao. Tras el combate, el capitán indígena Diego Cala fue ejecutado. El comandante José Miguel Lanza se había adelantado hasta Tojo con un escuadrón, en busca de organizar una insurrección, pero fue derrotado por un destacamento de Olañeta.

Pezuela desde Lima insistió para que De la Serna iniciara operaciones sobre el Tucumán, enviando refuerzos y todo tipo de ayudas para así atraer la atención del ejército que se preparaba en Mendoza para invadir Chile. De la Serna se opuso debido a la carencia de caballería, lo que no le permitiría conservar ni sus comunicaciones ni su logística, además de objetar las enormes distancias que lo separaban de Mendoza. En diciembre de 1816 una centella hizo explotar el parque de Potosí, que debió ser repuesto por Pezuela. En noviembre, De la Serna se dirigió a Yavi con el Batallón de Gerona, en donde conferenció con Olañeta, luego reunió tropas en Livi Livi y avanzó sobre Tarija, recuperando la villa el 28 de noviembre, que fue abandonada por Pérez de Uriondo para refugiarse en las Salinas.

El Ejército Real del Alto Perú estaba compuesto por más de 7.000 hombres, organizados en 14 cuerpos de línea veteranos, repartidos por igual según sus armas en siete de infantería y otros siete de caballería: Húsares del Rey, Dragones de la Unión de Fernando VII, dos Batallones de Imperiales de Alejandro, el Batallón de Granaderos de la Guardia y el Destacamento de Cazadores a Caballo, a los que se sumaba el apoyo de los regimientos de Extremadura, Gerona y Cantabria, que eran los más numerosos. Contaba, además, con más de mil caballos frescos sin monta, sólo utilizables en combate, más otras mil mulas de monte y el soporte de una fuerza de artillería de montaña de cuatro piezas, que se completaba con otra formación de dieciséis cañones.

El 15 de noviembre de 1816 Olañeta llegó con el primer regimiento y avanzó sobre Yavi sorprendiendo al marqués quién quedó prisionero. El coronel Fernández Campero, deportado a España por su condición de noble alzado contra la corona a favor de la nueva Nación, cuando desertó junto con toda la caballería a su mando en la Batalla de Salta, falleció en Kingston, Jamaica, víctima del mal trato recibido el 20 de octubre de 1822.

De la Serna dispuso desde Yavi el avance sobre Jujuy. La vanguardia reforzada, que comandada por Olañeta, entró en Humahuaca en 24 de diciembre de 1816, compuesta por 2.000 hombres de 4 batallones, 2 escuadrones y 4 cañones.

El comandante general de la vanguardia de Güemes, Pérez de Urdininea, se replegó con los infernales hasta Huacalera, dispuso sus avanzadas en Uquía a cargo de José Gabino de la Quinta, desplegó partidas de vigilancia hasta Abra Pampa, y envió a Arias hacia el Abra de Zenta.

Olañeta avanzó hasta Hornillos y desde allí envió a Marquiegui con un escuadrón y un batallón en dirección a San Ramón de la Nueva Orán por el Abra de Zenta, con órdenes de despejar los valles de San Andrés y del río Bermejo y luego dirigirse a San Salvador de Jujuy. El 4 de enero de 1817 Olañeta continuó avanzando, chocando con milicias gauchas en los pasos de los ríos León, Reyes y Blanco, Jujuy fue ocupada por Olañeta el 6 de enero, encontrándola casi desierta.

Entre el 7 y el 10 de enero Arias logró detener el avance de Marquiegui en el valle de San Andrés, con bajas para ambos bandos. La columna de Marquiegui logró avanzar hasta Orán, de donde desalojó a las fuerzas de Arias, quien debió refugiarse entre los wichís, Como no tenía noticias de Marquiegui, Olañeta salió en su búsqueda desde San Salvador de Jujuy el 12 de enero, con dos batallones y un escuadrón, dejando fortificado en la ciudad al coronel Olarría. Marquiegui salió de Orán, pero Benavides atacó a la columna realista en Ledesma, río de las Piedras (17 de enero) y en los llanos de San Lorenzo.

El 19 y el 20 de enero se produjo el Combate de Río Negro, en donde Marquiegui debió enfrentar a 500 gauchos, quedando muy comprometido. La fuerza de Marquiegui había quedado reducida a 300 infantes y 60 soldados de caballería. El 20 de enero ambas columnas realistas se reunieron en la Reducción, entrando el 23 de enero en San Salvador de Jujuy, en donde esperaron a De la Serna con el grueso del ejército.

Al llegar el 14 de enero De la Serna parte con su ejército a Humahuaca, emitió dos proclamas a la población y dispuso la construcción de parapetos en el cementerio de la iglesia, en donde hizo construir una batería de 6 cañones a la que denominó Santa Bárbara, ya que el pueblo debía servir de depósito militar de retaguardia y como punto de enlace con el Alto Perú. Humahuaca era un lugar clave por ser el punto en donde convergía el camino que llevaba al valle de San Andrés (ya reocupado por Arias) por el Abra de Zenta, que se dirigía a San Ramón de la Nueva Orán. Hizo también construir trincheras, dentro de las cuales se ubicaron el parque, el hospital y los depósitos. De la Serna dejó en Humahuaca una guarnición de 7 oficiales y 130 soldados del Batallón del Cuzco y continuó viaje hacia San Salvador de Jujuy, a donde llegó después del regreso de Olañeta con Marquiegui.

Luego de que el 27 de febrero el coronel Manuel Arias recibiera la autorización de Güemes, el 1 de marzo tuvo lugar el primer Combate de Humahuaca, cuando Arias con 150 hombres avanzó por el Abra de Zenta y logró derrotar y tomar prisionera a la guarnición realista, cayeron en manos de Arias 6 cañones y 500 fusiles, además de muchos otros pertrechos, 6 oficiales y 80 soldados prisioneros.

Cuando 3 días después De la Serna supo lo ocurrido en Humahuaca, ordenó la salida de una columna al mando de Olañeta y de Marquiegui en dirección a Orán, hacia donde se dirigía Arias, para intentar recuperar los pertrechos y prisioneros. Las fuerzas gauchas fueron alcanzadas y se descubrió el lugar en donde estaban escondidos la artillería, municiones y pertrechos capturados en Humahuaca, que fueron recuperados junto a parte de los prisioneros.

Otra columna al mando de Centeno marchó por la quebrada de Humahuaca hacia Humahuaca, con un batallón y 2 escuadrones, llegando el 9 de marzo al pueblo ya abandonado. Centeno continuó por el Abra de Zenta en auxilio de Olañeta, entrando en Orán el 16 de marzo. Esa misma mañana Olañeta salió de Orán en persecución de Arias sin alcanzarlo, retornó a Jujuy por Ledesma, muy hostilizado por las partidas de Rojas. El 30 de marzo, su columna llegó al río de Ledesma, habiendo perdido 80 hombres, entre muertos, heridos y prisioneros.

El 30 de marzo, cuando la columna de Centeno retornaba a Jujuy, debió abrir fuego de infantería para poder franquear el Abra de Zenta, continuando luego por la quebrada de Humahuaca. El 3 de abril Alejandro Burela venció en el paraje de Volcán al teniente coronel Antonio Seoane,. El 4 de abril entraron en San Salvador de Jujuy, combatiendo con los sitiadores y habiendo perdido entre 40 y 50 hombres en la campaña.

El ejército realista se vio acosado por las milicias gauchas que respondían a Güemes, que atacaban de forma sorpresiva en pequeñas partidas los flancos y la retaguardia de las divisiones en marcha. Los atacantes se retiraban antes de que se pudiera organizar la defensa, golpeando de manera repetida durante el día y la noche.

El 6 de febrero se produjo el Combate de San Pedrito, en donde el sargento mayor graduado Juan Antonio Rojas con dos escuadrones de gauchos infernales logró la victoria sobre los realistas. Un escuadrón realista había salido a cortar forrajes protegido por una compañía de infantería del Regimiento de Extremadura, siendo sorprendidos por Arias, quedando 100 realistas muertos y 7 prisioneros. Cuando el combate había terminado, los gauchos fueron atacados por una guardia de 15 Dragones de la Unión al mando del capitán Arregui, quien murió en la acción con 11 de sus compañeros. Arias se retiró con las armas de los realistas ante el avance de tropas con artillería desde la ciudad.

El sitio de Jujuy fue reforzado con los escuadrones de los valles Calchaquíes al mando de Apolinario Saravia, por Pablo Latorre con una división gaucha y por Francisco Gorriti con una división de lanceros.

De la Serna reunió el 7 de febrero todas sus fuerzas en la ciudad, trasladando las que había en el campamento de Yala e hizo salir de San Salvador de Jujuy varias columnas para atacar a las milicias gauchas y así lograr disminuir la presión sobre sus fuerzas. Formó un triángulo de fortificaciones, teniendo en sus vértices un batallón y un escuadrón en Perico, un fuerte destacamento en El Carmen y otro en la capilla de los Alisos. Entre las acciones ocurridas en esos días con triunfos patriotas, estuvieron el Combate de Severino, 5 de marzo, y el Combate de Vangue, 13 de marzo, en los que José Gabino de la Quintana y el capitán Olivera triunfaron respectivamente. Una de las columnas estaba encabezada por el capitán Sanjuanena con 200 soldados del Batallón de Gerona, que se vio atacada por fuerzas superiores en número (300 gauchos a caballo al mando de Saravia), por lo que el jefe del estado mayor general, Gerónimo Valdés, debió acudir en su ayuda para salvarlos y logró derrotar y perseguir a las milicias el 12 de marzo (Combate de Jujuy). Sin embargo, ese mismo día Valdés sufrió el arrebato de 200 mulas que dejó a su columna imposibilitada de moverse. Entre el 12 y el 15 de marzo continuaron los ataques sobre las fuerzas realistas sitiadas en la ciudad, uno de los más importantes ocurrió el 15 de marzo, cuando las fuerzas de Gorriti cargaron sobre las trincheras.

El 1 de abril el realista La Torre salió de San Salvador de Jujuy con 230 hombres en busca de ganado, siendo atacado por las fuerzas de Saravia. El 2 de abril se encontró en Yala con una columna realista con fuerzas de refuerzo al mando del coronel Vicente Sardina que llegaban del Alto Perú, formada por el 2° Regimiento de Extremadura y el 2° Escuadrón de Cazadores, llevando municiones y correspondencia. Entre esta última se hallaban órdenes apremiantes de Pezuela para avanzar sobre Tucumán.

Antes de cumplir la orden de Pezuela, De la Serna dispuso que Valdés se dirigiera con 600 hombres de las tres armas en dirección de Orán, en busca de Olañeta. El 4 de abril se produjo el Combate de Palpalá, en donde Bartolomé de la Corte fue derrotado por Valdés, quedando en su poder unos 80 prisioneros. Continuó luego su marcha hasta dar con Olañeta y retornar ambas columnas a San Salvador de Jujuy. La correspondencia enviada al virrey debió ser escoltada por 200 hombres de infantería y caballería.

Varias semanas tardó el ejército realista en reconstruir sus comunicaciones con el Alto Perú. Dejando a la división de Olañeta en San Salvador de Jujuy, el 13 de abril de 1817 De la Serna partió en 3 columnas rumbo a Salta. Formaban la división 2.500 hombres de 2 batallones del Imperial Alejandro, el Batallón Gerona, los escuadrones de Húsares de Fernando VII, el escuadrón de Dragones de la Unión, el escuadrón de Cazadores a Caballo y el escuadrón de Granaderos de la Guardia, llevando 4 cañones de montaña. Durante el trayecto las columnas fueron hostigadas por las fuerzas de Saravia. El 15 de abril la división debió despejar el paso en Caldera y luego se encontró con una fuerza reunida de 1.200 hombres de caballería que encabezaba Güemes. Cuando Sardina avanzó, las milicias abandonaron el campo permitiendo la entrada de los realistas en la Ciudad de Salta, totalizando entre 30 a 40 bajas entre muertos y heridos en la marcha.

El Dr. Horacio Carrillo, nos cuenta en su libro Humahuaca.

“Imposibilitado el Mariscal José La Serna de mantenerse en Jujuy, por el verdadero asedio de destreza y audacia criollas que los gauchos le organizaron, en aquel sangriento año de 1817, resolvió avanzar hasta Salta, Güemes, el glorioso, lo esperó allí, en Castañares, con mas de mil jinetes <infernales>. Los guerrilleros no pudieron resistir el embate del ejército español y se dispersaron, en una tarde del 14 de Abril de 1817. La población de Salta y buena parte de la de Jujuy, que emigro a la llegada de las tropas godas, presenció el choque desde los techos y azoteas de la ciudad y vio la dispersión gaucha, ya prevista, por dentro de las propias calles.

Entre los perseguidores de los gauchos figuraba el coronel Pedro Antonio Castro, el capitán de dragones de la Unión, Jose Auxeró y el de húsares de Fernando VII, don Andres García Camba, con varios soldados de los que estaban montados. Seguimos en este relato al propio García Camba, que refiere esta incidencia.

En medio de los grupos de gauchos que atravesaban la ciudad vieron un jinete que iba cubierto con un poncho <de color rosa>, dice García Camba, <y con un sombrero redondo de felpa de seda blanca>. El coronel Castro, salteño de nacimiento pero al servicio del rey, creyó reconocer en el jinete al jefe epónimo del norte y dijo:

<Ese es Güemes!>

El capitán Camba, que montaba un caballo de carrera, regalo del Virrey de la Concordia, exclamó:

<Si ustedes me sostienen lo alcanzo>

Como la repuesta fue afirmativa, todos se lanzaron tras el gaucho del poncho rosado y la galera de seda blanca, morrión de alcurnia y divisa de gloria.

Camba alcanzó al jinete y le mandó detenerse y rendirse. Pero el gaucho, si bien aminoró el galope, hizo ademán de sacar la pistola del arzón y servirse de ella. El español que corría con su acero desenvainado, le dio un sablazo en la muñeca, haciéndole soltar el arma, en el momento en que uno de los húsares que los seguía disparó su tercerola y derribó al patriota, que cayó herido de muerte. Camba creía haber tomado a Güemes, pero el propio coronel Castro reconoció en el moribundo al teniente Zenarruza, de la familia jujeña de ese apellido. Los médicos españoles asistieron con esmero al herido, pero aquella misma noche murió en brazos de su madre y de las hermanas.”

Este documento fue escrito por el Dr. Horacio Carrillo (1887-1955) en su libro “HUMAHUACA” Gobernador de Jujuy 1818/21, es muy importante destacar la vestimenta del Gral. Güemes muy en especial su sombrero de copa de seda blanca y su levita demostraba su señorío y cuna.

Los días 17, 18 y 19 de abril salieron de Salta hacia los alrededores 3 columnas realistas mandadas por Pablo Antonio Vigil, Castro y Carratalá, respectivamente, en busca de ganado, debiendo regresar hostilizadas. Encerrado en la ciudad y falto de víveres, el 20 de abril De la Serna envió al coronel Sardina secundado por La Torre con una fuerte expedición a reunir ganado y caballos en el valle de Lerma, ocupando los pueblos de Cerrillos (Salta) y Rosario de Lerma, y buscando atacar el campamento de Güemes en el caserío del Bañado. Formaban la columna el Batallón de Gerona (500 hombres) y 180 soldados de caballería y un cañón. En Cerrillos se agrupó la división de Luis Burela, comenzando allí los enfrentamientos el 21 de abril. En el lugar denominado Casa de Gauna se reunieron las divisiones de Burela y Pedro Zavala, atacando a la columna realista, que continuó avanzando. Esta columna fue prácticamente destruida en el Combate del Bañado el 21 de abril. En ese enfrentamiento la columna realista fue atacada por las fuerzas de Pablo Latorre, los infernales al mando de Rojas y los gauchos del alférez Leytes. Luego de que las milicias gauchas desaparecieran en los bosques, la columna realista continuó hacia Chicoana, siendo atacada de nuevo por Rojas y por Leytes, quien resultó muerto. Sardina quedó herido y murió al retornar a Salta el día 22. Vigil quedó al mando y continuó buscando el ganado, que suponían concentrado en la zona, hasta la entrada de la quebrada de Escoipe, sin encontrarlo.

Al día siguiendo retornaron a Salta siendo atacados y emboscados por las fuerzas de Latorre y de Zavala.

En la llanura de Rosario de Lerma fueron atacados por 1.000 hombres, logrando llegar a Salta con pérdida de 20 muertos y 48 heridos, teniendo los patriotas 6 muertos y 18 heridos.

Esta victoria obligó a De la Serna a evacuar Salta el 5 de mayo rumbo a Jujuy, hostigado continuamente por las partidas gauchas,

El 2 de mayo, en oficio que Güemes remitió a Manuel Belgrano le detalló el nuevo plan en marcha sobre las acciones sobre la ocupada Ciudad de Salta, quedando a cargo de la acción de defensa Juan Antonio Rojas, junto a su jefe el general Güemes, los comandantes Luis Burela y Pedro José de Zavala, el sargento mayor Apolinario Saravia y el capitán Mariano Morales.

Güemes informó a Belgrano el 5 de mayo:

Hostigados al cabo, los tiranos, de la terrible guerra que han sufrido, por las tropas de la Provincia que tengo el honor de mandar, han abandonado, al rayar el día, esta Plaza; dejándola tan en esqueleto, que por todas partes no presenta sino pruebas de la ferocidad española.

Y el 9 de mayo agregaba:

Si con fecha 5 del corriente dije a V.E que el enemigo desocupó esta plaza, emprendiendo al silencio de la noche tan precipitada retirada, que más fue fuga vergonzosa, lo repito hoy, asegurando a V.E, con la verdad que me es característica, que, desde el momento que rompieron sus marchas hasta esta hora; no ha cesado el fuego hostil de las distintas partidas que los observaban a los alrededores de este pueblo y que los persiguieron hasta el de Jujuy donde entraron antes de ayer, en medio de la mayor confusión y espanto.

En honor a la defensa de la Ciudad de Salta, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón otorgó el 28 de noviembre como premio una medalla que era una estrella heráldica militar de seis puntas, representando cada punta a los seis héroes militares que sobresalieron durante la tercera defensa de Salta, que luego pasaría a ser el escudo de la Provincia de Salta. Un año después, Belgrano informó el número de medallas: una para Güemes, 17 para coroneles y tenientes coroneles, 267 para oficiales y 6.325 escudos para la tropa, que nunca se materializaron.

6 Invasión 1817 Invasión realista de Pedro Antonio de Olañeta toma Jujuy el 15 de Agosto de 1817, con una fuerza de 1000 hombres. El 15 de agosto tuvo lugar el segundo combate de Humahuaca, población que fue evacuada por el coronel Arias. El 12 de septiembre de 1817 se produjo el combate de Huacalera, en donde Arias logró tomar varios prisioneros realistas. El 3 de enero de 1818 los realistas se retiraron hasta Yavi y luego retornaron al Alto Perú.

7 Invasión 1818 Poco después, Olañeta y el coronel José María Valdez iniciaron una nueva invasión en Yavi con 2400 hombres. El 14 de enero de 1818 ocuparon Jujuy, pero la evacuaron el 16 de enero retirándose a Yavi.

8 Invasión 1818 La invasión realista comenzó cuando José Alvarez de la Serna hizo fuerte en Cangrejos y de allí mandó al coronel José Canterac.  

En esos momentos las fuerzas independentistas se componían de 7.700 hombres (900 de caballería) y los realistas tenían 9.000 hombres, 1.300 jinetes incluidos.

Este formó la invasión con tres columnas, al mando de Olañeta (que entró por Humahuaca) hostigado por los gauchos de Manuel Eduardo Arias y Manuel Alvarez Prado.

El Cnel. Vigil (que entró por Orán) y Cnel. Valdez (que entró por el Despoblado con 1500 hombres) hostigado por Bartolomé de La Corte. El 26 de marzo 1818 ocuparon San Salvador de Jujuy, aunque solo tres horas más tarde la evacuaron, retirándose a Yala ante el riesgo de quedar aislados. Posteriormente regresaron a Tupiza.

9 Invasión 1819 El 8 de marzo de 1819, los realistas al mando de Olañeta con 3500 hombres, luego de varios enfrentamientos llegó en su ayuda  el coronel Gerónimo Valdez, quien acudiera con el batallón de Gerona y los Húsares de Fernando VII y así lograron romper el cerco que habían formado los gauchos y avanzaron sobre Jujuy.

El 26 entraron en la ciudad y la sometieron a un feroz saqueo. Luego se retiraron hasta Yala a la espera del resto de las tropas, pero recibió la orden intempestiva del general de La Serna, de replegarse a Tupiza

10 Invasión 1819 El 8 de mayo, Ramírez Orozco salió de Tupiza  con 6500 hombres. En todas éstas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.

Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban Fernández Campero; el coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; el coronel Manuel Arias, a cargo de Orán y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el teniente coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como José Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de San Ramón de la Nueva Orán, y se conoció como Línea del Pasaje.

Toda la población participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeros las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía saltojujeña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Jamás obtuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada

11 Invasión 1821 El 15 de abril de 1821 el coronel Guillermo Marquiegui entró en la ciudad de Jujuy, abandonándola poco después. El 27 de abril (llamado el Día Grande de Jujuy) tuvo lugar el combate de León (12 km al norte de Yala), en donde el general José Ignacio Gorriti logró rendir a 400 realistas, por lo que Olañeta se replegó a Tilcara.

12 Invasión 1821 Desde Mojo en el Alto Perú, Pedro de Olañeta dispuso una nueva invasión pero esta vez en forma encubierta. El teniente coronel José María Valdez que permanecía en YAVI con su destacamento, debía avanzar sigilosamente para tomar por sorpresa la ciudad de SAN SALVADOR DE JUJUY . Mientras tanto Olañeta, levantaría su campamento de Mojo simulando internarse aún más en territorio altoperuano. Su objetivo era hacer conocer su maniobra a los patriotas para luego regresar velozmente y caer con el grueso de sus tropas sobre Jujuy.

Valdez en lugar de avanzar por la QUEBRADA DE HUMAHUACA lo hizo por el Camino del Despoblado (actual Ruta Nacional Nº 40). En su marcha se encontró con algunos salteños enemigos de *Martín Miguel de Güemes que lo pusieron al tanto de la difícil situación política por la que atravesaba el caudillo.

Güemes era derrotado por Aráoz en Tucumán; y sus adversarios de Salta, de acuerdo con este último, aprovechaban el momento para deponerlo del mando. Al efecto convocaron al pueblo a cabildo abierto el día 24 de mayo de 1821; leyeron un manifiesto sobre “la execrable conducta del gobernante”, y declararon que cesaba la guerra con Tucumán. En reemplazo de Güemes se nombró gobernador a don Saturnino Saravia y comandante general de milicias al coronel Antonio Fernández Cornejo. Cuando Güemes supo esto dejó la campaña donde reunía nuevas fuerzas y se dirigió con una pequeña escolta a la ciudad de Salta. El vecindario armado y algunos escuadrones de gauchos lo esperaron en línea de batalla, en el campo de Castañares. Fiado en el prestigio de su presencia, y como si todo ese aparato no tuviera más objeto que el de deferirle una ovación, Güemes avanzó sobre sus gauchos. Los nobles gauchos, habituados a vencer a los realistas bajo las órdenes de su ínclito jefe, levantaron las armas al grito de “¡viva Güemes!” y la ovación le difirieron en efecto, acompañándolo hasta la ciudad, mientras los revolucionarios corrían a ocultarse. Pero esta precaución era inútil, como quiera que Güemes jamás ejerciera venganzas sobre las personas ni cometiera actos sanguinarios.

El jefe realista decidió entonces cambiar el rumbo y dirigirse a Salta para apoyar a los opositores de Güemes y precipitar su caída guiado por miembros de la familia realista Archondo.

El 8 de junio, Valdez, realizo la emboscada en los alrededores de la casa de Güemes, este fue mortalmente herido, pero sus gauchos lograron trasladarlo hasta el Chamical. La total confusión que reinaba en la ciudad, permitió a Valdez dominar la misma y tomar prisioneros a los principales jefes independientes. Ante esas noticias el general Olañeta avanzó rápidamente sobre Jujuy, la sometió y luego se dirigió a Salta.

Durante diez días, bajo un cebil colorado y recibiendo el cuidado y afecto de sus tropas, acosado por dolores físicos y sin posibilidades de alivio continuó dando órdenes desde un catre. Dos comisiones enviadas por el invasor le ofrecieron atención médica, títulos y honores a cambio de abandonar la lucha. Mientras estaba en pié no había cedido a los ofrecimientos con que intentaron comprarlo, tampoco entonces, en el umbral de la muerte, cedió. 

En presencia de la segunda comisión, dos días antes de morir, cortándole la palabra al emisario, ordenó al coronel Jorge Enrique Widt:

¡”Júreme usted, sobre el puño de esta espada, ya mismo y delante de estos señores, que cuando yo muera seguirá la lucha mientras haya un enemigo de la Patria y un salteño dispuesto a dar la vida por la libertad»!.

El coronel hizo el juramento y los emisarios, avergonzados ante quien ni la agonía doblegaba, se retiraron.

Vivir como vivió Güemes de las grandiosas palpitaciones de su patria, y morir por ella después de consagrarla todos sus afanes, en una virtud envidiable que atenúa todos los errores caídos en esa peregrinación de gloria imperecedera. La prensa contemporánea, inspirada por los émulos o por los antirrepublicanos, cubrió de injurias el sudario de Güemes a la vez que ¡mísera! defirió palmas a los traidores a la patria. “Acabaron para siempre los dos grandes facinerosos, Güemes y Ramírez (escribían de Córdoba y transcribía La Gaceta de Buenos Aires). Murió el abominable Güemes…al huir de la sorpresa que le hicieran los enemigos, ya tenemos un cacique menos…” decía Rivadavia.

 El Gral. Güemes murió el 17 de Junio de 1821, los gauchos bajo las órdenes de Jorge Enrique Widt, lugarteniente de Güemes, y sitiaron la ciudad. Los realistas temerosos, sin víveres e imposibilitados de abandonar la ciudad, firmaron un armisticio con el Cabildo de Salta. En ese documento Olañeta se comprometía a retirarse con sus fuerzas más al norte de Jujuy. Después de canjear los prisioneros y de abastecerse de víveres el invasor se retiró hacia el Alto Perú

13 Invasión 1822 Invasión de Olañeta ingresa hasta Tilcara por sorpresa y toma prisionero a Álvarez Prado, quien fuera nombrado por Güemes Coronel Graduado. Posteriormente fue nombrado Comandante General de Vanguardia de la Quebrada de Humahuaca, en el año 1822, por disposición del Gobernador Gorriti.

Logra escapar a Tilcara donde es refugiado de un molino, Olañeta que llega hasta Volcán el 29 de Octubre siempre hostigado por lo gauchos y el 6 de Diciembre de 1822 finaliza la invasión sin haber podido alcanzar la ciudad de Jujuy.

 Esta guía que me llevó muchas horas de trabajo para poder llevar una línea de tiempo de los acontecimiento fue extraída totalmente de la red, mi aporte es solamente ilustrativo para ayudar a aquellos que quieran investigar en profundidad los temas, ya que yo traté de resumir a lo más esencial este ensayo, esperando que el mismo sea esclarecedor de cómo fue la situación de los hechos.

Rafael Vaca

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